La libertad… ese concepto que parece tan puro, tan deseado… pero que en el mundo de Eren Jaeger se transforma en una prisión invisible. Eren no es un villano ni un héroe, es una paradoja: un hombre que persigue con desesperación la libertad, sin advertir que cada intento de romper sus cadenas lo hunde más en ellas. Su caminar no conduce a la redención, sino a un destino autoimpuesto desde antes de nacer; entonces surge la pregunta inevitable: ¿Qué es realmente la libertad, si en su nombre debemos sacrificar a otros, a nosotros mismos e incluso a la esencia de lo humano? Hoy quiero explorar y profundizar en Eren, no solo como personaje, sino como metáfora del deseo humano de liberarse y del precio que estamos dispuestos a pagar por ello.
ANÁLISIS INTROSPECTIVO
Eren, desde que tiene uso de razón, no solo quiere escapar de los muros físicos, sino de cualquier limitación impuesta en su vida. Esta obsesión evoluciona con los años, ya no se trata de un niño curioso que sueña con el mar o de explorar el desconocido mundo exterior, sino de imponer su visión de la efímera libertad sobre la realidad. La libertad deja de ser un deseo y se convierte en un mandato interno que guía sus acciones, para Eren, es tanto un motor como una carga que lo impulsa tanto a luchar como a sacrificarse, pero también lo consume, transformando su impulso vital en una obsesión destructiva. Este deseo absoluto lo lleva a cuestionar los límites morales y a menudo lo conduce hacia decisiones que hieren a quienes ama y a otros que no tienen culpa. Su lucha por el libre albedrío refleja un conflicto filosófico profundo, la libertad humana puede significar la bendición, pero puede convertirse en prisión.
A medida que crece, la obsesión por la libertad se vuelve más compleja y abstracta. La escena del primer encuentro con el mar, en el capítulo 90, representa un punto de inflexión. Mientras Armin y Mikasa perciben el océano como símbolo de esperanza, expansión y posibilidad, Eren lo interpreta de manera distinta. »Al otro lado del mar está el enemigo». Esta frase revela cómo, incluso ante la vastedad del mundo, su mente está condicionada por la amenaza constante, el mar no es para él una promesa de descubrimiento, sino un límite que marca la extensión de su conflicto. Este encuentro muestra a Eren que la libertad nunca será imparcial ni desinteresada: siempre estará condicionada por la presencia de enemigos y riesgos, exigiendo acción, control y, cuando sea necesario, violencia. Este encuentro siembra la semilla de su radicalización, revelando que solo enfrentando y neutralizando las amenazas podrá aspirar a una libertad plena.
El contacto con Historia, que se efectúa en la finalización de la tercera temporada, representa otro punto decisivo en su introspección. Al tener contacto con alguien de sangre real, Eren experimenta visiones del futuro que le permiten anticipar eventos y comprender la dimensión de su lucha; este momento amplía su conciencia, la libertad individual está ligada a la historia y al destino del pueblo que desea proteger. Su introspección revela que la libertad no es un ideal abstracto, sino un objetivo cargado de consecuencias.
La masacre del escuadrón de Levi constituye un hito fundamental en su desarrollo interno y emocional, al depositar su confianza en estos y luego verlos caer, Eren experimenta por primera vez el llamado aislamiento consciente, comprendiendo que la libertad y la protección de Paradis depende absolutamente de él, está distancia se refleja en su relación con Armin y Mikasa, en escenas como cuando le dice »siempre te he odiado» o cuando ella reprocha ‘‘¿Por qué siempre te separas de nosotros?» Este aislamiento no es solo soledad emocional, sino decisión estratégica y existencial, Eren asume por completo la carga del destino colectivo, reforzando su radicalización y la visión de la libertad como imperativo absoluto.
La traición de Reiner y Bertholtd intensifica este proceso, la revelación profundiza su comprensión de la hostilidad e imprevisibilidad del mundo. Este quiebre refuerza la convicción de Eren de que solo puede depender de sí mismo, consolidando esa creencia.
En el capítulo 131, El Retumbar, Eren Jaeger se convierte en arquitecto y verdugo de un destino que lo supera, esclavo y soberano de su propia obsesión por la libertad. Carga sobre sus hombros millones de vidas, transformando un ideal puro en un poder absoluto, mientras descubre con desilusión y absoluta decepción en su conversación con Ramzi que los supuestos “monstruos” más allá del mar son solo humanos, frágiles y limitados, atrapados en su propia existencia. El panel de Freedom, donde se muestra extendiendo los brazos sobre un mar de nubes y exclama “¡Libertad!”, revela la ilusión de un ideal parcial y efímero: una falsa libertad que ignora las cargas y los sacrificios que exige la verdadera libertad. En El Retumbar, esa aspiración se convierte en un imperativo trágico y absoluto, y Eren emerge como figura paradójica: liberador y destructor, consciente de la tragedia que engendra y de la melancólica belleza de un ideal que solo puede realizarse a través de la catástrofe.
El diálogo final con Armin en el capítulo 139 cierra este arco introspectivo. Eren asume la magnitud de sus actos y justifica su visión: “Lo hice todo para que ellos fueran libres… aunque me odien, aunque me llamen demonio.” Estas palabras condensan la aceptación consciente de su culpa y la justificación de sus actos por un ideal mayor, evidenciando cómo su conciencia ha pasado de la rabia ciega del niño a la reflexión adulta sobre libertad, sacrificio y destino. En este momento, Eren se muestra plenamente consciente de su papel como motor de la tragedia, reconoce la devastación que ha provocado, la soledad que lo ha acompañado y la inevitabilidad de su camino, pero también percibe la coherencia interna de sus decisiones. Su introspección revela que la libertad que buscaba no es un estado externo que se pueda otorgar o tomar, sino un horizonte que exige asumir la responsabilidad absoluta de cada acción, incluso si ello lo condena al odio y la incomprensión de quienes ama. De esta manera, el capítulo subraya la paradoja final de Eren, un hombre que, al perseguir la libertad de los demás, se convierte en prisionero de su destino y de la propia necesidad de cumplir con un ideal que trasciende lo personal.
La libertad que Eren persigue arde como un fuego que lo consume desde dentro. Cada decisión lo encadena a un destino inevitable, donde el poder y la responsabilidad se confunden en su conciencia. Su obsesión se vuelve reflejo de sí mismo: dolor, comprensión y tragedia entrelazados en un mismo impulso. Ser libre, para Eren, es abrazar la soledad y el sacrificio, aceptando que su ideal solo desemboca en la paradoja de convertirse en prisionero de su propia libertad, un camino en el que la esperanza y la destrucción coexisten como dos caras de la misma verdad.
ANÁLISIS EXTROSPECTIVO
La relación de Eren y Mikasa está marcada por la salvación, se forja desde la infancia, cuando él la salva de los traficantes y le entrega su bufanda. Este objeto va más allá de la calidez física, simboliza la protección, el vínculo afectivo y la dependencia. Desde ese momento, Mikasa actúa como un escudo de Eren, guiada tanto por el amor como por un instinto de protección que condiciona su vida. La bufanda, siempre presente, es un recordatorio de ese lazo y representa lo que Mikasa está dispuesta a sostener y, a la vez, lo que Eren utiliza para medir la intensidad de su control y libertad.
A medida que crecen, la dinámica se tensa. Mikasa sigue actuando como guardiana, como escudo, pero Eren empieza a concebir esta protección como una atadura. La frase »siempre te he odiado» refleja la fractura emocional; Eren niega la naturaleza de su afecto, reduciendo su vínculo al instinto Ackerman, y actúa como un mecanismo para crear distancia emocional y protegerla del dolor de sus acciones. En Marley y durante el Retumbar, la distancia entre ambos se amplía. Eren ya se ha comprometido con un destino colectivo que trasciende cualquier vínculo personal, manteniendo su afecto de manera implícita mientras actúa con frialdad estratégica.
El papel de Ymir se vuelve decisivo en la fase final, así como el Rey Fritz dominaba a Ymir para perpetuar el ciclo de los titanes. Mikasa se convierte en la contraparte humana que permite a Eren y a Ymir liberarse de la esclavitud de sus destinos. Al detener a Eren, Mikasa no solo pone fin al Retumbar, sino que libera a Ymir, cumpliendo un rol ético y afectivo que rompe el ciclo de control histórico mediante el amor y la lealtad.
En el desenlace, Mikasa se transforma en el límite que Eren nunca quiso reconocer, y al mismo tiempo, en la salvación que ambos necesitaban. La bufanda reaparece como memoria de todo lo que compartieron, mientras el beso final y la paloma que vuela sobre el campo simbolizan la liberación absoluta: la tragedia se convierte en redención, el dolor en belleza y la muerte en libertad. Eren y Mikasa, unidos por afecto y separados por destino, revelan que incluso en la más absoluta devastación, el amor puede ser el acto más potente de resistencia y emancipación.
La relación entre Eren y Armin se construye desde la infancia sobre la base de sueños compartidos y complementariedad emocional. Armin aporta reflexión, estrategia y ética, mientras que Eren aporta impulso, pasión y determinación. Juntos sueñan con ver el mundo más allá de los muros: el mar, las dunas de arena y horizontes abiertos que representan libertad, esperanza y posibilidad. Estos sueños compartidos crean un vínculo profundo de confianza y complicidad, donde cada uno sostiene al otro no solo en lo físico, sino también en lo emocional y moral.
A medida que progresa la historia, la relación de ambos se tensa por la divergencia de decisiones e ideales. Eren, al asumir su destino y percibir las memorias del futuro, se distancia de Armin, actuando según un destino que lo sobrepasa. La devastación del retumbar transforma los sueños de infancia en un paisaje de destrucción y desolación, donde los ideales se enfrentan a la cruda realidad.
El capítulo final incorpora simbolismos cargados de significado, cuando Armin obtiene del mar de sangre los dientes y cabello, esto representa la magnitud de los actos de su amigo, fragmentos de vida y memoria que son a la vez íntimos y dolorosos, la concha entregada posteriormente simboliza la continuidad y la esperanza, un objeto que evoca el mar y los sueños compartidos, ahora transformados en un recordatorio de libertad, aprendizaje y legado. La alternancia de estos objetos condensa la tragedia, la memoria y la posibilidad de reconstrucción en un solo gesto.
En última instancia, la dinámica entre Eren y Armin refleja la paradoja central de Shingeki no Kyojin: los lazos humanos pueden ser la fuerza que guía, corrige y salva, incluso cuando los ideales y la historia parecen arrasar con todo. Sus vínculos no solo moldean decisiones, sino que dejan una huella ética y emocional que trasciende la tragedia, convirtiendo el dolor y la pérdida en aprendizaje y esperanza.
El desenlace consolida la complejidad de su vínculo, Armin detiene a Eren, no solo físicamente sino también éticamente, y hereda la responsabilidad de procesar su legado y las secuelas de la devastación. Los sueños de mar, dunas y horizontes se transforman en metáforas del aprendizaje que Armin deberá transmitir, la libertad conlleva responsabilidad, y los ideales más nobles requieren sacrificio. La relación entre ambos demuestra que la amistad puede sostener incluso las decisiones más extremas y servir de guía para equilibrar pasión y ética, ilusión y realidad.
La relación entre Eren y Reiner se construye sobre enfrentamiento, traición y confrontación de ideales, cuando Reiner se revela como el titán acorazado, Eren es el hostigado, se enfrenta a la amenaza externa y a la traición personal, reforzando su desconfianza y su aislamiento estratégico. Su rol es defensivo, obligado a reaccionar ante la violencia y la manipulación de quienes lo rodean, lo que impulsa a su radicalización y lo fuerza a asumir la carga del destino colectivo de Paradis.
Cuando Eren viaja a Marley, la dinámica cambia radicalmente: pasa de ser el hostigado al hostigador, su llegada y su decisión de atacar al corazón del enemigo transforman su relación con Reiner en un enfrentamiento de poder y moralidad. Reiner que antes lo había dominado física y emocionalmente, se ve ahora en una posición de vulnerabilidad y confrontación directa, la conversación previa a que Eren devore a Tybur evidencia esta inversión de roles, Eren actúa con determinación y violencia, imponiendo su visión de libertad y responsabilidad, mientras Reiner se enfrenta a la tensión de su deber, su humanidad y la culpa de acciones pasadas.
Este cambio de roles intensifica la interacción interpersonal y sus repercusiones externas, Eren deja de ser un joven reaccionario y se convierte en un agente del cambio, capaz de redefinir el equilibrio de poder y obligar a Reiner a cuestionar sus propios límites y lealtades. Cada batalla, diálogo y decisión refleja no solo el choque de ideales, sino como las relaciones personales pueden amplificar los conflictos sociales y estratégicos, convirtiendo la interacción entre Eren y Reiner en un eje central para comprender la transformación del mundo que los rodea.
La dinámica entre Eren y Zeke se construye desde un punto de partida singular, son hermanos separados por circunstancias opuestas que cargan con visiones radicalmente distintas relacionadas sobre la libertad y el destino del pueblo eldiano Zeke representa la resignación disfrazada de salvación, convencido de que la única manera de poner fin al ciclo del odio es extinguir a los suyos mediante la eutanasia. Eren, en cambio, encarna la rebeldía y la incapacidad de aceptar una paz que nazca de la negación de la vida, esta oposición los sitúa como dos caras de la misma moneda, en un lado, uno busca liberar al mundo de los eldianos y el otro busca liberar a los eldianos del mundo.
En Marley, cuando se encuentran como hermanos por primera vez, Zeke adopta el rol de mentor y guía, se autoproclama como el adulto que ha alcanzado la »verdadera» respuesta, convencido de que puede arrastrar a su hermano hacia su visión. El gesto simbólico del lanzamiento de la pelota condensa esta dinámica inicial, Zeke arroja la pelota y Eren no la atrapa, ese objeto representa la complicidad y la confianza que Zeke intenta forjar pero que Eren nunca acepta. No es un accidente ni indiferencia sino un rechazo silencioso, una negativa a sostener el ideal de su hermano.
Esto se manifiesta de forma decisiva en los caminos. Allí, Zeke, seguro de controlar la narrativa, apela a Ymir sobre el funcionamiento de su plan, pero lo que él desconoce es que Eren ya ha visto más allá; las memorias del futuro lo han marcado y le han revelado que todo está destinado a suceder. Lo que parecía docilidad era en realidad manipulación, y lo que parecía jerarquía se convierte en un vuelco total. Zeke, que pretendía ser guía, queda recluido como rehén; Eren, el hermano menor, se revela como soberano de un destino que trasciende hasta el propio Grisha, cuya voluntad ha sido moldeada en esas propias memorias por su hijo menor.
En este choque se expone su conflicto, por un lado Zeke, representa la libertad pasiva, basada en la renuncia y en el fin del sufrimiento a través del exterminio, Eren por su parte, representa la libertad activa y absoluta, que no teme a la violencia ni a la catastrofe si con ello garantiza la existencia. Ambos comparten la negativa al sufrimiento heredado, pero sus caminos divergen: uno intenta anularlo eliminando la vida, el otro perpetuarlo aceptando la tragedia.
Así, la dinámica entre estos dos personajes no es solo un enfrentamiento entre mentalidades opuestas, sino la cristalización de la herencia de Grisha Jaeger y del peso insoportable de las memorias del futuro.
APARTADO FILOSÓFICO DEL PERSONAJE
1. Existencialismo – Eren como hombre condenado a la libertad
El filósofo Sartre plantea que estamos »condenados a ser libres», incluso si no elegimos, ya estamos eligiendo, Eren encarna esa condena desde niño. No acepta su mundo ni la pasividad de este, su decisión de actuar lo convierte en alguien que debe cargar con las consecuencias. En el capítulo 131, el Retumbar, asume con claridad que debe arrasar al mundo, no porque lo desee, sino porque ya no tiene vuelta atrás, eligio un camino y debe sostenerlo
El filósofo Kierkegaard nos habla del concepto conocido como ‘‘angustia de la libertad», la desesperación que surge al elegir sin certezas. La conversación con Ramzi muestra esa angustia disfrazada de resolución, sabe lo que hace, sabe que está mal, pero lo asume como parte de su destino.
Camus también hace acto de presencia, Eren vive el absurdo de un mundo que no ofrece justicia ni sentido, su respuesta a este estímulo es rebelarse contra ese sinsentido, aunque su rebelión traiga consigo destrucción masiva.
2. Determinismo y fatalismo – Eren como esclavo del destino (Nietzsche y el eterno retorno)
El poder del titán fundador y la transmisión de memorias futuras le revelan a Eren que no es completamente libre, vive la paradoja de »elegir» un camino que ya ha sido recorrido, está atrapado en un ciclo donde las decisiones ya están prescritas.
Aquí se conecta con Nietzsche y el entorno retorno: abrazar la vida tal cual es, con toda su tragedia, sin negarla. Al aceptar el retumbar, Eren afirma ese destino, con todo el peso de la destrucción y la culpa. Su libertad queda condicionada por el determinismo y la culpa, pero él lo transforma en voluntad activa. Su figura se acerca al Übermensch (Superhombre de Nietzsche), no porque sea moralmente superior, sino porque rompe con las normas impuestas y redefine el valor de la existencia a través de la tragedia
3. Nihilismo – La libertad como vacío
El nihilismo surge cuando los valores se derrumban. Eren destruye toda visión tradicional de justicia, esperanza o paz: para él, la libertad se convierte en un imperativo absoluto, aunque ello implique la aniquilación del mundo.
En el panel de Freedom donde extiende los brazos sobre el cielo, muestra un idealismo momentáneo que luego se revela vacío, la supuesta “libertad” solo es alcanzable mediante destrucción total. Aquí se ve el nihilismo activo, cuando Eren destruye para crear algo nuevo, aunque no tiene la certeza de lo que ese »nuevo mundo» será. Su libertad es un horizonte vacío, una promesa imposible de alcanzar en plenitud.
4. Utilitarismo vs Deontología (Bentham, Kant) – Eren como dilema moral viviente
Desde un punto de vista utilitarista, el exterminio del mundo exterior busca maximizar la supervivencia de Paradis, sacrificar a muchas para salvar a unos pocos, sigue la lógica de Bentham llevada al extremo. Pero desde la perspectiva de Kant, sus actos no tienen justificación, son inadmisibles porque convierte a la humanidad en un medio, no en un fin, viola la máxima ética de tratar a las personas con dignidad intrínseca. Este choque de dogmas atraviesa su psique : ¿Es un salvador pragmático o un monstruo moral?
5. Psicoanálisis (Jung, Lacan)
Según Jung, Eren encarna la sombra colectiva, el proyección de todos los miedos y odios del mundo hacia los eldianos, pero también Paradis proyecta en él la fuerza y la brutalidad que no pueden asumir como pueblo. Eren se convierte en monstruo porque todos lo necesitaban como tal.
Para Lacan la libertad de Eren es un »objeto a» imposible, un deseo que nunca se colma. Cada vez que cree acercarse a ella, descubre nuevas cadenas que lo retienen, reconoce que la libertad que buscaba no existe como estado estable, sino como lucha perpetua.
CONCLUSIÓN: El eco trágico de la libertad
Eren emerge como una de las figuras más complejas y trascendentes del animanga, una figura cuya trasfondo filosófico y emocional ha sido tantas veces incomprendido por el público, reduciéndolo a juicios simplistas que omiten la magnitud de su construcción. Su historia no es solo la de una joven que busca una vida más allá de los muros, sino la de un chico que se enfrenta a las paradojas más profunda de toda nuestra existencia, como son el destino y el libre albedrío, amor y soledad, creación y destrucción. En él, la libertad se convierte en un imperativo absoluto, pero también en una condena que lo consume y lo aparta de quienes amaba.
La magnificencia de Eren reside en esa dualidad: liberador y destructor, héroe y villano, mártir y verdugo. Su viaje encarna la tragedia clásica llevada al terreno del anime y el manga, donde cada decisión, aunque aparentemente monstruosa, nace de un ideal que trasciende lo individual para abrazar el destino de todo un pueblo. Eren no es un personaje que deba ser comprendido en la superficie, sino desentrañado en su profundidad, donde late la contradicción y la belleza de un ideal imposible.
Así, Eren Jaeger queda inscrito en la memoria colectiva no como un simple protagonista, sino como un mito moderno, un espejo de nuestras obsesiones y límites, un recordatorio de que la libertad, en su forma más pura, siempre acarrea la sombra de la tragedia.
¡MUCHAS GRACIAS POR LEERME!